Luna tiene 4 años. Lleva una lupa de juguete. Hoy hay un caso en casa. Falta la galleta con forma de estrella.
“Soy Luna, la detective”, dice. “Busco pistas”.
Mira la mesa. Hay un plato. Está vacío. Luna ve migas. Muchas migas. También ve un puntito de mermelada roja.
Luna llama a mamá. “Mamá, mira. Migas y rojo”.
Mamá sonríe. “Qué lista. Vamos despacio”.
Luna camina. Sigue las migas. Van al sofá. En el sofá hay un cojín. Luna levanta el cojín. ¡Hay un oso de peluche!
El oso tiene un poquito de mermelada en la boca. Luna se ríe. “Oso, ¿tú comes galletas?”, dice.
El oso no habla. Pero Luna ve algo más: una galleta rota, en dos partes, al lado del oso.
Luna piensa. “La galleta se cayó. Se partió. El oso la abrazó y se manchó”.
Llega el papá. “Yo la puse aquí para el té”, responde. “Luego el oso se cayó encima”.
Luna junta las dos partes. Mamá trae un plato. Todos se sientan. Luna da un trocito al oso.
Y el caso se cierra con risas suaves.
Moraleja: Si miras con calma y ayudas, los misterios se vuelven juegos felices.