El lobito Lolo vive en una casa pequeña y tibia. Hoy hay sol. En la mesa hay un plato con galletas redondas. Lolo quiere una.
Pero falta una galleta. Solo una.
Lolo se pone su gorrito de “detective”. Es un gorro azul. Muy suave.
«Mmm… caso de galleta», dice Lolo.
Mira el plato. Ve migas. Mira el suelo. Ve tres migas en fila, como un caminito.
«Yo sigo el caminito», dice Lolo.
El caminito va a la alfombra. En la alfombra hay una huella pequeña de miga. Lolo sonríe.
«Hola, pista», dice Lolo.
Entra mamá loba con una taza. «¿Qué pasa, Lolo?», dice.
«Falta una galleta», responde Lolo.
Mamá loba se agacha. «Buscamos juntos», dice.
Los dos miran despacio. Lolo ve una mancha de leche en la mesa. Cerca hay una servilleta doblada.
«La servilleta…», dice Lolo, y la toca con su patita.
La servilleta se mueve un poco. ¡Dentro hay algo duro!
Lolo abre la servilleta. ¡Ahí está la galleta! Está entera, solo un poco caliente.
«¡La encontré!», dice Lolo.
Mamá loba ríe bajito. «Yo la guardé para que no se caiga», dice. «La mesa estaba llena. La puse aquí, y luego fui por la taza».
Lolo mira el plato. Mira la servilleta. «La galleta se escondió», dice, y se ríe.
Mamá loba parte la galleta en dos. «Mitad para ti, mitad para mí», dice.
Lolo come su mitad. Tiene migas en el hocico. «Caso resuelto», dice.
Lolo y mamá loba se dan un abrazo y limpian las migas.
Moraleja: Cuando buscas con calma y con ayuda, los misterios pequeños se vuelven juegos felices.