Pablo es un niño pequeño, con rizos dorados y una gran sonrisa. Un día, Pablo se levanta y va a buscar su osito de peluche. Pero… ¡oh! ¿Dónde está Osito? Pablo mira a la derecha, mira a la izquierda, pero Osito no está en la cama. “Hmm”, dice Pablo. Se pone sus zapatillas, hace “clap clap” y empieza su búsqueda.
Camina por el pasillo. “Toc-toc”, toca la puerta del baño. Mira dentro. Ve su pato amarillo: “¡Cuac cuac!” Pero Osito no está ahí. Pablo va a la sala. Juguetes por aquí, coche por allá, “vroom vroom”. Pablo mira debajo del sofá, “hop”, asoma la cabeza. Ve una pelota, pero no ve a Osito.
Pablo pregunta: “¿Dónde está Osito?” Mamá sonríe y dice: “Busca bien, Pablo”. Pablo piensa. Va a la cocina. “Mmm, huele a pan”, piensa. Ve la silla grande y… ¡oh! Ve una orejita marrón. Pablo se acerca despacito. “¡Osito!”, grita feliz.
Osito estaba tomando el sol en la ventana, junto a la planta verde. Pablo lo abraza fuerte. “Te encontré, Osito”, dice. Mamá aplaude: “Bravo, detective Pablo”.
Pablo sonríe grande. Fin del misterio. Todos juntos desayunan. “Ñam ñam”, dice Pablo.
A veces, buscar es una aventura bonita, y juntos es más divertido.