Lola tiene 2 años. Está en la cocina con mamá. Quiere su galleta redonda. Pero la caja está vacía.
«¡Oh!», dice Lola. «Caso de galleta».
Lola mira la mesa. Ve migas. Mira el suelo. Ve una huella pequeña de harina. «Sigo la pista», dice.
Camina despacito. En la sala, el oso de peluche está sentado. Tiene una miga en la panza. «Hola, Oso», dice Lola. «¿Tú comiste?».
«No», responde mamá, y ríe suave. «Oso no come. Es de tela».
Lola mira más. Ve la puerta del jardín un poco abierta. También ve más migas. «Afuera», dice.
En el jardín está Coco, el perrito. Tiene la boca blanca. Está feliz. Mueve la cola. Al lado hay un plato y una galleta rota.
«Coco, tú eres», dice Lola.
Mamá toma el plato. «Coco solo probó. Ahora guardamos la caja arriba». Lola le da a Coco un trocito y ella come otra.
Moraleja: Cuando miras con calma y pides ayuda, el misterio se vuelve juego.