Marta es una niña de tres años. Ella tiene un gorro rojo. Un día, en la casa, algo no está. "¿Dónde está mi osito?" dice Marta. Su osito es suave. Marta mira la cama. Mira la caja. Mira la mesa.
Ella es lista. Ella es calma. Marta hace su plan. "Vamos a buscar", dice. Toc-toc en la puerta. Es mamá. "Hola", dice mamá. "¿Buscas a tu osito?" Marta asiente. Mamá sonríe. "Busquemos con pistas", dice.
Marta pone su lupa de juguete. Hop, hop, va por la sala. Mira la alfombra. Encuentra un pelito. "Pelito", dice. Lo guarda en su mano. Plouf, mira la cocina. Hay migas en la mesa. "Miga", dice. Ella sigue.
En la ventana ve huellas pequeñas. Huella de pata. Huella de mano. "¿Quién pasó?" pregunta Marta. El gato pasa. "Miau", dice el gato. Marta ríe. "Hola, Gato", dice. Gato tiene algo en la boca. Es un lazo azul. "Lazo", dice Marta. Ella anota en su cabeza.
Marta va al balcón. Ve agua en el suelo. "Plouf", dice. Un charco. Cerca del charco, hay una marca de osito. Marca de oso. Marta toca con cuidado. Su osito deja una marca. Ella sonríe.
"¿Dónde está el osito?" pregunta mamá. Marta muestra las pistas: pelito, miga, lazo, marca. "Tal vez está con papá en el jardín", dice mamá. Van al jardín. Hop, caminan. En la caja de juguetes hay una puerta pequeña. Toc-toc. Abren. Dentro, el osito duerme entre cojines. "Hola, osito", dice Marta. Ella lo abraza. El osito huele a pan. "Mmm, pan", ríe mamá.
Marta cuenta sus pistas en voz baja. Ella resolvió el misterio con calma. El gato ronra. Papá trae un té. Todo está bien. Marta pone el osito en su cama. Se acuesta con su gorro.
La curiosidad y la calma ayudan a encontrar lo que se busca.