Toc-toc. Es de mañana. Lucas, un niño pequeño, se despierta en su camita. Se estira y dice: “¡Hola, sol!”. Pero, ¡oh! Su osito Tito no está. “¿Dónde está Tito?”, pregunta Lucas. Mira debajo de la manta. Nada. Mira en la almohada. Nada. “Hmm”, dice Lucas.
Lucas baja de la cama. Sus piecitos hacen “tap-tap” en el suelo. Mira junto a sus zapatos. No ve a Tito. Camina al salón. Mamá está con una taza. “¿Has visto a Tito?”, pregunta Lucas. Mamá sonríe: “No, mi amor. Busquemos juntos”.
Van al sofá. “Hop”, sube Lucas. Mira detrás de los cojines. Solo hay un cochecito. “No está aquí”, dice Lucas. Mamá busca debajo de la mesa. “¿Está Tito?”, pregunta Lucas. “No, solo veo un zapato”, dice Mamá.
Lucas escucha: “¡Bip bip!”. Es su perrito Coco. Coco mueve la cola y corre hacia el rincón. Lucas va tras Coco. “¿Dónde vas, Coco?”, dice Lucas. Coco olfatea y hace “guau”. Lucas mira y… ¡ve una orejita marrón! “¡Tito!”, grita Lucas y abraza al osito.
Mamá ríe. “¡Buen trabajo, detective Lucas!”, dice. Lucas sonríe muy feliz. “Gracias, Coco. Gracias, Mamá”, dice Lucas. Todos se sientan juntos. Tito, Lucas, Coco y Mamá.
Lucas se siente contento. Ha encontrado a Tito con ayuda. Y todos juntos se abrazan.
Siempre es bueno pedir ayuda y buscar juntos, porque en equipo todo es más fácil y divertido.