El pequeño Zorro vive en una casa amarilla. Zorro tiene una lupa. Le gusta mirar todo. Un día, Zorro ve una huella en el suelo. “¿Qué es esto?”, dice Zorro. Zorro llama a su amigo Osito. “Osito, ven aquí”, dice Zorro. Osito llega corriendo. “¿Qué ves, Zorro?”, pregunta Osito. “Veo una huella. Es grande. ¿De quién será?”, dice Zorro.
Zorro y Osito miran la huella. Caminan despacito. “Vamos a buscar más pistas”, dice Zorro. Caminan y ven una pluma azul. “¡Una pluma!”, dice Osito. “¿De quién es esta pluma?”, pregunta Zorro. Osito piensa. “Tal vez es del Pájaro Azul”, dice Osito.
Zorro y Osito van a la casa del Pájaro Azul. Toc, toc. “Hola, Pájaro Azul”, dicen. “¿Pierdes plumas?”, pregunta Zorro. “Sí, pierdo plumas cuando juego”, dice Pájaro Azul. Zorro sonríe. “¿Pisaste el suelo aquí?”, pregunta Zorro. Pájaro Azul mira la huella. “Sí, jugué aquí esta mañana”, dice Pájaro Azul.
Zorro, Osito y Pájaro Azul ríen juntos. “¡Misterio resuelto!”, dice Zorro. “Somos buenos amigos y grandes detectives”, dice Osito. Todos se abrazan. El barrio está tranquilo. Zorro sonríe. Todo está bien.