En la casa grande juegan Sofía y Tomás. Sofía tiene el pelo rizado y una sonrisa alegre. Tomás lleva camiseta azul y le gusta reír. De pronto, los niños ven algo curioso: el oso de peluche no está en la cama.
“¿Dónde está Osito?” dice Sofía, mirando debajo de la almohada.
Tomás busca detrás de la puerta. “No está aquí”, dice sonriendo.
Sofía camina despacio. Ve una huella pequeña en el suelo. “¡Mira, Tomás! Hay una pista”, dice Sofía.
Siguen la huella. Los dos saltan sobre la alfombra. La huella va hasta la caja de juguetes. Tomás levanta la tapa. La caja está llena de bloques, un coche rojo y una pelota blanda.
Sofía y Tomás miran bien, muy juntos. Ven una oreja marrón.
“¡Es Osito!”, dice Sofía riendo.
Tomás lo saca despacito. “Osito estaba jugando en la caja”, dice Tomás.
Los dos abrazan a Osito. Sofía sonríe y dice: “Misión cumplida”.
La mamá entra y ve a los niños y al oso. “¡Buen trabajo, pequeños detectives!”, dice y los abraza.
Sofía, Tomás y Osito se sientan juntos, felices y tranquilos.
Siempre es bueno buscar juntos, porque juntos todo es más fácil.