Hay un niño. Tiene dos años. Se llama Nico. Nico juega en la sala. Toc-toc suena la caja. "¿Qué es?", dice Nico. Él mira. Ve una huella. Huella pequeña. Huella redonda. "¿Quién fue?", pregunta.
Nico llama a mamá. Mamá viene. "Vamos a buscar", dice mamá. Hop. Buscan en la alfombra. Ven una carita de oso. Plouf, una etiqueta en la mesa. "¿Dónde más?", dice Nico. Señala la puerta. Toc-toc. Abre la puerta. Hay migas en el suelo. Miga suave. Miga pequeñita. Nico huele. Huele a galleta. "Mmm", dice.
Nico y mamá siguen pistas. Ven una taza con leche. Una silla con pelos de oso. Ven dibujos en la pared. Dibujo de un oso con una gorra. "Aha", dice mamá. Nico aplaude. Clap, clap. Toc-toc en la caja otra vez. Nico toca. Dentro, un peluche. Es el oso de Nico. El oso tiene leche en la boca. El oso tiene una galleta en la mano. "Ahí está", dice Nico. Sonríe.
Nico y mamá ayudan al oso. Limpian la leche con un paño. Secan al oso. Le ponen la gorra. El oso dice "mrr". Nico ríe. Juegan los tres. La casa está calma. Todo está bien.
Moraleja: Buscar pistas con amor y ayuda hace que todo vuelva a estar bien.