Un día, el pequeño Nico encontró algo extraño en el jardín. Había un montón de hojas de colores. Nico se rascó la cabeza. "¿De dónde vinieron?", pensó.
Nico corrió a buscar a su amiga, la gatita Lila. "Mira, Lila", dijo Nico, señalando las hojas. Lila maulló. Nico sabía que era hora de investigar.
Primero, Nico y Lila miraron alrededor. Vieron a la abuela en la cocina. "Abuela, ¿pusiste estas hojas aquí?", preguntó Nico. "No, cariño", respondió la abuela con una sonrisa.
Luego, fueron a ver al perro Max. "Max, ¿tú sabes algo?", preguntó Nico. Max movió la cola y ladró alegremente. Pero no tenía todas las respuestas.
De repente, un pequeño viento sopló. Las hojas volaron y cayeron suavemente sobre las flores. "¡Mira, Lila!", dijo Nico. "El viento las trajo aquí."
Nico, Lila y Max se rieron. El misterio estaba resuelto. "¡Qué divertido fue investigar!", dijo Nico.
La abuela salió y les ofreció galletas. Todos sonrieron felices.
A veces, los misterios son pequeños juegos que nos enseñan a mirar con atención.