Un día, en el parque, Ana, Luis y Marta tenían un misterio que resolver. El sol brillaba y las hojas hacían "crunch-crunch" bajo sus pies. "¿Dónde está mi pelota roja?" preguntó Ana, preocupada.
Luis miró a su alrededor. "¡Allí!" dijo, señalando un arbusto que hacía "shhh-shhh" con el viento. Los tres corrieron hacia allá, riendo "ja-ja".
Marta se agachó y movió las ramas. "¡No está aquí!" dijo con sorpresa. De repente, oyeron un "gua-gua". Un perrito apareció, meneando la cola y con algo rojo en la boca.
Ana sonrió. "¡Es mi pelota!" exclamó, aplaudiendo "clap-clap". El perrito dejó la pelota en el suelo y ladró feliz. "Gracias, amiguito," dijo Luis, acariciando al perrito.
Los tres amigos jugaron juntos, lanzando la pelota y riendo. El perrito corría "hop-hop" detrás de ellos, siempre cerca.
Al final del día, Ana, Luis y Marta se despidieron del perrito. "Adiós, amigo," dijeron, y el perrito respondió con un "gua-gua" alegre.
A veces, la amistad se encuentra en los lugares más inesperados.