Lola, Tomás y Nico juegan en la sala. Tienen tres años. En la mesa hay una caja de galletas. La tapa está abierta.
«¡Caso!», dice Lola. «Falta una galleta en forma de estrella».
Tomás mira el suelo. «Busquemos pistas», dice. Nico asiente y señala con su dedo.
Primera pista: migas pequeñas cerca de la alfombra. Segunda pista: una mancha de leche en el vaso azul. Tercera pista: una huella pegajosa en la silla baja.
«¿Quién fue?», pregunta Nico.
Van despacio, como detectives. Lola ve al gato Pelusa dormir en su cama. Pelusa ronca suave. No hay migas en su bigote.
Tomás abre la caja de juguetes. Dentro hay un plato de mentira y una taza. Y, al lado, algo brilla.
«¡Aquí!», dice Tomás.
Es la galleta estrella. Está entera. Solo tiene una miga pegada. Nico se ríe.
Lola recuerda: «Yo jugaba a la merienda. Puse la galleta en el plato… y me fui a por el oso».
Mamá llega. «Buen trabajo, equipo», dice. «Ahora, a comerla juntos».
Se sientan. Parten la galleta en tres. Todos sonríen.
Moraleja: Cuando buscamos con calma y ayudamos, el misterio se vuelve un juego feliz.