En la sala hay sol suave. Cuatro niñas de 3 años juegan en una alfombra. Se llaman Ana, Berta, Carla y Dora. Tienen una caja con pegatinas de estrellas.
De pronto, Ana mira la caja. «¡Oh! Falta la estrella grande», dice. Todas abren los ojos, pero sonríen. Es un misterio pequeño.
Berta aplaude. «Somos equipo de pistas», dice. Carla toma una lupa de juguete. Dora trae un cuaderno con un lápiz gordo. Todo está tranquilo.
Ana señala el suelo. «Miren», dice. Hay un brillo cerca del sofá. Carla se agacha. «No es estrella. Es un botón», dice. Dora ríe: «Botón no pega».
Berta mira la mesa baja. «Aquí hay migas», dice. Ana pregunta: «¿Quién comió galleta?» Todas dicen: «Yo». Se ríen.
Carla ve una huella de pegamento en la mesa. «Aquí se abrió la caja», dice. Dora apunta con el dedo: «Y aquí hay un pelo de lana». En la sala hay un oso de peluche con gorro de lana.
«Vamos con calma», dice Ana. «Busquemos más pistas».
Van al rincón de libros. Allí hay una hoja con una estrella dibujada. Berta dice: «Es de papel». Carla responde: «La estrella grande era pegatina».
Dora mira la ventana. «Hay viento», dice. La cortina se mueve. Debajo de la cortina hay algo amarillo.
Ana se acerca despacio. «¡Ahí está!», dice. Es la estrella grande. Está pegada a un pañuelo suave. La estrella brilla, feliz.
Carla pregunta: «¿Cómo llegó aquí?» Berta mira el oso. El oso tiene el pañuelo en el cuello. «Yo le puse el pañuelo», dice Berta. «Y la estrella se pegó y luego se cayó con el viento».
Dora asiente. «La pista era la lana y la cortina», dice. Ana sonríe: «Caso cerrado». Todas chocan las manos.
Pegan la estrella en una hoja nueva y la ponen en la pared, bien alto. El oso también tiene una pegatina pequeña en su gorro. «Para que no se ponga triste», dice Carla.
Esa tarde juegan otra vez, contentas, y guardan la caja con tapa.
Moraleja: Cuando miramos con calma y ayudamos juntas, los misterios pequeños se vuelven juegos felices.