En la sala de juegos, Ana, Lalo y Mimi juegan juntos. Tienen dos años. Hoy son detectives. Llevan gorros de papel. Ríen y miran con ojos grandes.
La cesta de peluches está en la alfombra. La cama pequeña está al lado. Mimi abre la manta y dice: "Falta Azulín". Azulín es el osito azul. Es suave y pequeño. No está en su cama. Pero todo está bien. Azulín es un juguete.
Ana dice: "Busquemos pistas". Lalo aplaude. "Sí, pistas", dice. En la alfombra hay una pelusa azul. Es muy pequeña. Ana la toma. "Mira, es de Azulín", dice. ¿La ves tú también?
Lalo mira bajo la mesa. Ve otra pelusa azul. También ve una pegatina de estrella. "¡Pista!", dice. Mimi mira detrás de la cortina. Siente aire. Ve un hilo azul fino. El hilo va hasta la silla.
"Sigamos juntos", dice Ana. Caminan despacio. Tocan el hilo. No tiran fuerte. Lalo ve ruedas de juguete en el piso. Son marcas suaves. Van hacia el rincón de bloques. ¿Las ves?
En el rincón hay una caja grande. La tapa está un poco abierta. Mimi susurra: "Toc toc". Abre con cuidado. ¡Sorpresa! Azulín está acostado en el carrito de muñecas. Tiene una pegatina de estrella en la barriga. Está tapado con un pañuelito.
Ana sonríe. "Azulín paseó en el carrito". Lalo asiente. "Las pistas nos guiaron", dice. Mimi abraza el osito. Todos aplauden. Guardan las pelusas. Limpian el piso. Luego juegan a llevar a Azulín de vuelta a su cama.
Hacen un abrazo de equipo. "Buen trabajo", dicen los tres.
Con calma, ojos atentos y ayuda amiga, los pequeños misterios se resuelven con alegría.