Era un día soleado en el vecindario. Un niño llamado Tomás estaba muy curioso. Tomás tenía un amigo, el pequeño gato Miau. ¡Miau era muy juguetón! Juntos decidieron formar un club de detectives.
"¡Vamos a investigar!" dijo Tomás. "¿Qué hay en la vieja casa?" Miau maulló, emocionado. La vieja casa estaba al final de la calle. Tenía ventanas grandes y una puerta chirriante.
Tomás y Miau llegaron a la casa. "¿Qué habrá aquí?" preguntó Tomás. Miau olfateó el aire. "¡Miau!" dijo, como si estuviera de acuerdo. La puerta estaba abierta. "¡Entremos!" dijo Tomás.
Dentro, la casa estaba oscura y llena de polvo. "¡Mira, una caja!" exclamó Tomás. La caja era grande y vieja. "¿Qué hay dentro?" preguntó Tomás. Miau se acercó y la olfateó. "¡Miau!" dijo, curioso.
Tomás abrió la caja. ¡Sorpresa! Había muchos juguetes viejos. "¡Juguetes!" gritó Tomás. "¡Qué divertido!" Miau saltó dentro de la caja. "¡Miau, miau!" decía mientras jugaba.
"¡Vamos a jugar!" dijo Tomás. Jugaron con los juguetes. Pero, ¿quién dejó la caja aquí? Tomás pensó. "Tal vez un amigo," dijo. "O un niño como nosotros."
Tomás y Miau sonrieron. "¡Mystery resuelto!" dijeron juntos. Era un día perfecto para investigar y jugar. ¡Qué alegría tener un amigo como Miau! Fin.