En la sala, Luna juega con unos bloques. Luna tiene tres años. Su hermanito Tom tiene dos. Los dos quieren el mismo bloque rojo.
"¡Mío!" dice Luna.
"¡Mío!" dice Tom.
Luna tira el bloque. ¡Ploc! El bloque cae. Tom se ríe. Luna frunce la cara. La mamá está cerca. Ella sonríe y va al lado.
"¿Qué pasó?" dice mamá.
"Él lo quiere", dice Luna.
"Yo también", dice Tom.
La mamá toma otro bloque rojo. "Mira", dice ella. "Habrá uno para cada uno." Luna mira. Tom mira. Los ojos se alegran.
Los dos vuelven a jugar. Ahora hacen una torre. Torre, torre. ¡Pum! La torre cae con un ruido suave. "¡Ups!" dicen los dos. Los dos aplauden. "¡Ja ja!"
Luego Luna ve un sombrero en la silla. Lo pone en su cabeza. Se ve tan graciosa. Tom quiere el sombrero. Tira una tela. Luna salta. "No", dice Luna, con voz dulce. Tom tira la tela otra vez. La tela hace cosquillas. Los dos se ríen. La tela vuela. ¡Whoosh! El sombrero cae al suelo. Los dos lo miran y se miran.
"Tu quieres jugar conmigo?" pregunta Luna.
"Sí", dice Tom. "Jugar feliz."
Se sientan en el suelo. Hacen una carita con un bloque. Hacen una rueda con otro. Juegan a la casita con una caja. La caja suena "crac" cuando la tocan. La mamá canta una canción suave. La casa es tranquila.
A veces los dos pelean. A veces se empujan con risas. Todo se arregla rápido. Mamá ayuda con un beso. Papá trae una galleta. Comparten la galleta con cuidado. Son dos manos que comen y ríen.
Al final del día, Luna y Tom se abrazan. Están cansados y contentos. Cierran los ojitos. Sueñan con bloques, sombreros y risas.
La risa une más que la pelea, y siempre hay un abrazo para arreglar todo.