Luz se despierta con el sol. Tiene tres años. Busca a su hermano Leo. Leo tiene un año. Corren a la sala. ¡Pum! La alfombra hace cosquillas a los pies. "Mi oso", dice Luz y señala un peluche. Leo agarra el oso. Luz lo mira y frunce el ceño. Leo suelta una risa. "No, mío", dice Luz. Leo dice "¡no!" con voz de bebé. Se miran. Se abrazan y se sueltan. ¡Jiji!
La mamá aparece con dos tazas de leche. "Compartir", dice la mamá. Luz y Leo toman la leche. Luz decide poner un sombrero. Es un cubo de tela. Leo quiere el sombrero. Leo tira. Luz tira. El sombrero cae al suelo. Los dos se tapan la cara con el cubo. "¡Bú!" dice Luz. "¡Bú!" responde Leo. Ríen mucho. La discusión se vuelve juego. Se sientan en el suelo y hacen un tren con cojines. Luz es la máquina. Leo es el vagón. "Chú, chú", dice Luz y hace ruido con la boca. Leo aplaude. ¡Plaf, plaf!
Luego quieren construir una torre con bloques. Luz pone un bloque. Leo pone otro. La torre se tambalea. Luz cuida la torre con sus manos. Leo sopla con energía. La torre cae. "Oh", dice Luz. Leo se asusta un poco. Luz toma la mano de Leo. "Está bien", dice Luz. Construyen otra torre. Esta vez la hacen juntos. Uno pone, el otro pone. Van lento. Van en calma. La torre es alta y brilla con sus risas.
La tarde llega. Papá llega con una manta grande. La ponen encima. Hacen una cueva. Luz y Leo se meten adentro. Se oyen voces suaves. "Hola casa", dice Leo. "Hola casa", dice Luz. La cueva es cálida. Duermen con el oso y el sombrero cerca.
La risa vence la pelea y el abrazo lo arregla todo.
Aprende a compartir y a reír con los que amas.