Había una vez dos hermanitos, Juan y Juanito. Juan era un niño muy curioso de 1 año, y Juanito, su gemelo inseparable, siempre le seguía.
Un día, estaban en casa jugando con su perrito, Pelusa. "¡Pelusa es el jefe!", gritó Juan, y Juanito repitió, "¡Sí, el jefe!" Pelusa movía la cola y ladraba feliz.
"¡Vamos a una aventura!", dijo Juan, y Juanito asintió emocionado. Se pusieron sus sombreros de papel y siguieron a Pelusa por el salón. "¡A la derecha, jefe!", dijo Juan. "¡A la izquierda, jefe!", añadió Juanito. Pelusa saltaba de un lado a otro.
De repente, Pelusa corrió hacia la cocina. Juan y Juanito lo siguieron y... ¡ups! Derramaron el cuenco de agua de Pelusa. "¡Oh no!", dijeron los dos al mismo tiempo y se miraron con ojos grandes.
"Tenemos que limpiar", dijo Juan. "Sí, limpiar", repitió Juanito. Fueron por un trapo y juntos empezaron a secar el agua. Pelusa los observaba, moviendo la cola.
Cuando terminaron, los hermanitos se rieron. "¡Lo hicimos, jefe!", dijo Juan, y Juanito añadió, "¡Sí, lo hicimos!" Pelusa ladró feliz, como diciendo "¡Bien hecho!"
Después, los tres se tumbaron en la alfombra, cansados pero contentos. "Eres el mejor jefe, Pelusa", dijo Juan. "Sí, el mejor", repitió Juanito, mientras Pelusa les daba lametones de agradecimiento.
Y así, juntos, disfrutaron de un día muy divertido.