En una casita en el bosque vivían dos ositos, Tito y Lila. Un día, Tito encontró un gran charco justo delante de la casa. "¡Mira, Lila!", exclamó Tito, señalando el charco. "¡Plash, plash!" fue el sonido que hicieron sus patas al saltar.
Lila sonrió y se unió a él. "Splash, splash", dijo ella, chapoteando. Pronto, el charco se convirtió en un pequeño río de risas.
Entonces, Tito tuvo una idea divertida. "¡Corramos alrededor de la casa!", propuso. "¡Sí!", respondió Lila entusiasmada. "¡Hop, hop, hop!", hicieron mientras corrían.
De repente, Tito tropezó con una piedrita y cayó de pompis. "¡Plof!", dijo él, mirando a Lila con sorpresa. Lila se rió tanto que también perdió el equilibrio. "¡Ja, ja, ja!", rieron los dos.
"¡Vamos a saltar otra vez!", sugirió Tito. Así que, juntos, dieron grandes saltos, diciendo "¡Boing, boing!" cada vez que tocaban el suelo. En poco tiempo, olvidaron los tropiezos y siguieron jugando.
Al final del día, Tito y Lila se abrazaron. "¿Sabes?", dijo Tito, "me encanta jugar contigo". Lila sonrió y dijo, "Y a mí contigo".
La risa es el mejor juego cuando lo compartes con quien quieres.