Tomás tiene dos años. Es pequeño, blandito y rápido como un patito. Vive con su hermana mayor, Lola. Lola ríe fuerte: «¡Ja, ja, ja!».
Una mañana, Tomás ve sus coches. «Brum, brum», dice. Lola ve sus peluches. «Mmm, qué abrazo», dice.
De pronto, los dos ven… ¡la misma manta roja en el suelo!
Tomás salta: «¡Mía!».
Lola salta: «¡Mía también!».
Los dos pisan la manta. Pataplaf.
Tomás mira.
Lola mira.
Silencio.
Luego, sus barrigas hacen «gru gru gru».
Los dos ríen: «¡Ja, ja, ja!».
«Jugamos juntos», dice Lola.
«Juntos», responde Tomás.
Lola se sienta en la manta. Tomás se sienta también.
«Esta parte es tuya», dice Lola.
«Y esta es tuya», dice Tomás, y señala con el dedo, muy serio.
Traen cosas.
Un coche: «brum, brum».
Un oso: «grr… mimos».
Un libro con patos: «cuac, cuac».
Tomás empuja el coche. El coche choca en el oso. «Toc-toc».
El oso cae al suelo. «¡Plaf!».
Tomás abre la boca.
Lola abre la boca.
Los dos: «¡Oooh!».
Y luego: «¡Ja, ja, ja, ja!».
Lola pone el oso en el coche.
«Oso va a la escuela», dice.
Tomás aplaude. «¡Clap, clap! ¡Hola, profe oso!».
Lola hace voz fina: «Hola, niños».
Tomás hace voz grave: «Grr, soy oso feliz».
Los dos se miran. Sacan la lengua: «Bla, bla, bla».
Se caen despacito sobre la manta. «Plomp».
Mamá entra despacio.
«¿Qué pasa aquí?», pregunta.
Tomás responde: «Fiesta manta».
Lola dice: «Un poco pelea… y luego risa».
Mamá dice: «Me gusta». Y abraza a los dos. «Mmm».
Tomás bosteza: «Aaah».
Lola bosteza también.
Se tumban juntos. Mano con mano.
«Manta tuya, manta mía», susurra Lola.
Tomás responde: «Manta risa».
Al final, los juegos son más bonitos cuando se comparten con cariño.