Lucas dice: “Vamos a buscar un tesoro”.
Mateo aplaude y ríe: “¡Tesoro, sí!”
Lucas pone una caja bajo la mesa.
Mateo gatea rápido. “¿Aquí?”
“No, Mateo, no está ahí”, dice Lucas.
Lucas mira debajo del sofá.
Mateo rueda y se mete con él.
“¿Aquí?” pregunta Mateo, con voz de secreto.
Lucas ríe: “¡Solo hay calcetines!”
Mateo pone una cara graciosa: “¡Puf, calcetines!”
Lucas va a la cocina.
Mateo lo sigue, gateando muy rápido.
Lucas abre un cajón.
Mateo grita: “¡Cuchara!”
Lucas ríe fuerte: “No es el tesoro, Mateo.”
De repente, ¡crash!
La caja del tesoro cae al suelo.
¡Muchos bloques de colores por todo el suelo!
Lucas dice: “Oh, oh…”
Mateo mira los bloques.
Mateo toma uno y lo muerde.
Lucas dice: “¡No, Mateo! Los bloques no se comen.”
Mateo ríe otra vez.
Lucas se ríe también.
Lucas dice: “Vamos a recoger.”
Mateo ayuda.
Uno, dos, tres bloques en la caja.
Lucas dice: “Muy bien, Mateo.”
Mateo aplaude: “¡Bravo!”
Lucas sonríe.
“¿Dónde está el tesoro ahora?” pregunta Lucas.
Mateo señala la caja y dice: “¡Aquí!”
Lucas abraza a Mateo.
“Sí, el tesoro eres tú, Mateo”, dice Lucas.
Mateo ríe.
Lucas ríe.
Mamá entra y dice: “¡Qué buenos buscadores de tesoros!”
Lucas y Mateo se abrazan.
Mateo repite: “¡Tesoro, tesoro!”
Y todos se ríen juntos, muy felices.