En la casita del árbol, Lilo el osito se pone un calcetín azul. Su hermana Nani, la osita, se pone el otro.
Lilo mira su pie. “¡Eh! Ese es mío”, dice.
Nani alza la pata. “¡No! Es mío”, responde.
Se quedan muy serios… un segundo. Luego, “¡Plof!”, el calcetín se estira y hace una cara rara en la pata de Nani.
Lilo suelta una risita. “Je, je”.
Nani también. “Ji, ji”.
Mamá osa asoma la cabeza. “¿Qué pasa aquí?”
“¡Calcetín!”, dicen los dos a la vez.
Mamá osa trae una cesta. “Tenemos muchos. Vamos a buscar pareja.”
Lilo mete la mano. “Uno rojo.”
Nani mete la mano. “Uno rojo.”
Se miran. “¡Gemelos!”, dice Lilo.
“¡Como nosotros!”, dice Nani.
Corren al suelo y se sientan. Lilo intenta ponerse los dos rojos. “¡Pum! Pum!” Sus patas resbalan.
Nani intenta también. “¡Paf!” Se cae en un cojín blandito.
Los dos hacen “¡Ja, ja, ja!” y se abrazan.
Ahora prueban con los azules. Lilo se pone uno. Nani se pone el otro. Pero… los dos tienen un puntito amarillo igual.
“¡Son los mismos!”, dice Nani.
“¡Entonces… compartimos!”, dice Lilo.
Se ponen cada uno su calcetín y marchan por la sala haciendo “toc, toc, toc” como patitos.
Mamá osa aplaude suave. “Listos para la merienda.”
En la mesa, Lilo da a Nani una galleta redonda. Nani le da a Lilo una galleta con forma de estrella.
“Gracias”, dicen, con migas en la nariz.
Moraleja: Cuando compartes y te ríes con tu hermano, el día se vuelve más dulce.