En la escuela del bosque, había un pequeño zorro llamado Nico. Nico tenía miedo de la oscuridad. Por la noche, cuando el sol se iba a dormir y la luna salía, Nico se sentía asustado.
Un día, la maestra búho organizó un taller en la escuela. "Hoy aprenderemos a no tener miedo del oscuro", dijo la maestra.
Nico escuchaba con atención. "Podemos usar luces suaves", explicó la maestra. "También podemos poner decoraciones bonitas en la habitación".
Esa noche, Nico fue a su habitación. Colocó una pequeña luz que brillaba suavemente. "Hola, luz", dijo Nico. La luz le sonrió. Luego, Nico puso estrellas que brillaban en la pared. "Hola, estrellas", dijo Nico. Las estrellas le guiñaron un ojo.
Nico se sintió valiente. Su habitación ahora parecía un cielo lleno de luces suaves. "No tengo miedo", dijo Nico. Cerró los ojos y se durmió.
Al día siguiente, Nico le contó a su amigo, el conejo Tito, sobre su noche. "Yo también haré eso", dijo Tito feliz.
Nico y Tito ya no tenían miedo del oscuro. Ahora la noche era un lugar de sueños bonitos. Nico sonrió. "La oscuridad no es mala. Solo es diferente", pensó Nico, y se sintió seguro y contento.