Era de noche en el bosque. El pequeño oso tenía miedo de la oscuridad. Miraba a su alrededor y veía sombras. "¿Qué hay ahí?" pensó. Se sentía solito y asustado.
Su amiga la luciérnaga decía: "No tengas miedo, pequeño oso. La noche es hermosa." Pero el oso seguía temeroso. "Es muy oscuro," decía. La luciérnaga brillaba y le dijo: "Mira, puedo iluminar tu camino."
El oso sonrió un poco. "¿Puedes ayudarme, luciérnaga?" preguntó. "Sí, ven conmigo," respondió ella. Juntos caminaron por el bosque. La luciérnaga iluminaba las flores, los árboles y las estrellas.
El oso decía: "¡Qué bonito es el bosque de noche!" Poco a poco, se sintió más seguro. "La oscuridad no es tan mala," pensó. "Tengo a mi amiga."
Cuando llegó a su cueva, el oso apagó la luz. "No tengo miedo," dijo. "La noche es buena." Y así, se quedó dormido, soñando con luciérnagas y estrellas brillantes. Fin.