En un pequeño rincón de la ciudad, había una niña llamada Lía. Lía tenía un año y le encantaba jugar con sus muñecos y leer cuentos. Pero cuando caía la noche, Lía sentía un poco de miedo. El cuarto se ponía oscuro y, a veces, escuchaba ruidos que le parecían extraños.
Una noche, su mamá le dijo: “Lía, ¿quieres leer un cuento?”. Lía sonrió y asintió con su cabecita. Su mamá sacó un libro de cuentos y comenzaron a leer. En el cuento, había una pequeña estrella llamada Estrellita. Estrellita tenía miedo de la oscuridad, pero quería brillar.
“¿Brillará Estrellita en la oscuridad?” preguntó Lía. “Sí, brillará siempre que se lo crea”, respondió su mamá. Lía pensó en esto y se sintió un poco mejor.
Al día siguiente, en la escuela, la maestra les habló sobre el miedo. “No deben tener miedo de la oscuridad”, dijo ella. “Pueden imaginar cosas bonitas y relajarse”. Lía escuchó atentamente y decidió probarlo.
Esa noche, Lía cerró los ojos y pensó en la Estrellita. “Soy como Estrellita”, se dijo. Y poco a poco, se sintió tranquila. La oscuridad ya no daba miedo, era solo un momento para soñar.
Lía aprendió que la oscuridad puede ser amiga, y siempre puede brillar.