Mateo era un niño de dos años. Mateo tenía miedo del oscuro. El cuarto de Mateo era grande y tenía muchos juguetes. Pero cuando se apagaba la luz, todo se veía diferente.
Una noche, Mateo estaba en su cama. Mamá vino y le dijo, "Buenas noches, Mateo". Mamá apagó la luz. Mateo tenía miedo. "Mamá, está oscuro", dijo Mateo.
Mamá se sentó junto a la cama de Mateo. "Mateo, mira por la ventana", dijo mamá. Mateo miró por la ventana y vio las estrellas. Las estrellas brillaban en el cielo oscuro. "Las estrellas son bonitas", dijo Mateo.
"Sí, Mateo", dijo mamá. "Las estrellas son como pequeñas luces. Ellas cuidan de ti en la noche".
Mateo sonrió. "Me gustan las estrellas", dijo Mateo.
Mamá también le mostró a Mateo un pequeño oso de peluche. "Este es tu amigo oso. Él está contigo en la noche", dijo mamá.
Mateo abrazó al oso. "Gracias, oso", dijo Mateo.
Mateo escuchó un sonido suave. "¿Qué es eso?", preguntó Mateo. "Es el viento", dijo mamá. "El viento canta una canción para dormir".
Mateo escuchó el viento. Era un sonido bonito. Mateo se sintió tranquilo. "Me gusta el viento", dijo Mateo.
"Ahora, cierra los ojos, Mateo", dijo mamá. Mateo cerró los ojos. Pensó en las estrellas y en el viento. Mateo no tenía miedo.
Mateo se durmió con una sonrisa. El cuarto estaba oscuro, pero Mateo estaba feliz. Ahora sabía que el oscuro podía ser bonito y tranquilo.