Sofía y su amigo Lucas estaban en el parque. Era de día y todo era muy bonito. Los árboles eran altos y verdes. El cielo era azul y el sol brillaba. Sofía tenía un sombrero grande y Lucas tenía una pelota roja. Ellos jugaban y reían.
"¿Vamos a jugar en el columpio?" preguntó Sofía. "¡Sí!" dijo Lucas. Se fueron al columpio. Sofía se balanceaba. "¡Mira cómo vuelo!" decía feliz. Lucas sonreía y aplaudía.
Pero cuando el sol empezó a esconderse, todo se volvió oscuro. Sofía vio sombras y sintió un poco de miedo. "Lucas, tengo miedo del oscuro," dijo Sofía con voz suave.
Lucas miró a Sofía y la abrazó. "No hay que tener miedo," dijo. "El oscuro puede ser divertido. ¿Ves las estrellas?" Sofía miró al cielo. Las estrellas brillaban. "¡Son bonitas!" dijo Sofía.
"Sí, y podemos contar estrellas," sugirió Lucas. "Uno, dos, tres..." contaron juntos. Sofía se sintió mejor. El oscuro no era tan malo. "Gracias, Lucas," dijo Sofía sonriendo.
Sofía aprendió a mirar lo bonito en el oscuro. Y así, con su amigo, nunca tuvo miedo de la noche.