El pequeño zorro Rojo tenía miedo del oscuro. Cuando el sol se iba, Rojo se sentía un poco asustado. "Mamá, el oscuro me asusta", dijo Rojo. Mamá Zorro sonrió y le abrazó. "No te preocupes, Rojo. El oscuro también tiene cosas bonitas", dijo Mamá.
Una noche, Mamá Zorro le dio a Rojo un libro. "Mira, Rojo. Lee conmigo", dijo Mamá. El libro era sobre un búho que amaba la noche. El búho volaba feliz bajo el cielo estrellado. "El búho no tiene miedo del oscuro. Mira las estrellas, Rojo", dijo Mamá.
Rojo miró el cielo. Vio muchas estrellas brillantes. "Oh, son bonitas", dijo Rojo. "Sí, son como pequeñas luces", dijo Mamá. Rojo sintió un poco menos de miedo. "Las estrellas son amigas en el oscuro", pensó Rojo.
Esa noche, Rojo escuchó un sonido. "¿Qué es eso?", preguntó Rojo. Era un grillo cantando una canción. "Es un grillo. Canta para ti", dijo Mamá. Rojo escuchó con atención. "Me gusta la canción del grillo", dijo Rojo.
Cada noche, Rojo leía más sobre el búho. Aprendió que el oscuro tenía muchas cosas bonitas. "El oscuro no es tan malo", pensó Rojo. Vio más estrellas y escuchó más sonidos. "El oscuro tiene sorpresas", decía Rojo a Mamá.
Rojo ya no tenía tanto miedo. Sabía que el oscuro era especial. "Gracias, Mamá. Me gusta el oscuro", dijo Rojo. Mamá Zorro le abrazó. "Siempre estaré aquí contigo, Rojo", dijo Mamá.
Y así, el pequeño zorro Rojo aprendió que el oscuro podía ser amigo, con estrellas brillantes y canciones dulces.