En un hogar cálido y acogedor, vivía un niño llamado Lucas. Lucas tenía un gran amigo, su osito llamado Tito. Cada noche, cuando el sol se ocultaba, Lucas sentía un poco de miedo. El cuarto se ponía oscuro y Lucas decía: "Tito, tengo miedo del negro".
Tito siempre estaba ahí para consolarlo. "No te preocupes, Lucas. El negro es solo la noche. Vamos a hacer algo divertido". Lucas miró a Tito con curiosidad.
"¿Qué hacemos, Tito?", preguntó Lucas.
"Contemos estrellas", dijo Tito. Lucas sonrió. "¡Sí, contemos estrellas!".
Lucas y Tito miraron por la ventana. "Una estrella, dos estrellas, tres estrellas...", contaron juntos. El negro ya no parecía tan aterrador.
Luego, Tito dijo: "Siempre puedes abrazarme, Lucas. Estoy aquí contigo". Lucas abrazó a Tito y se sintió seguro. "Gracias, Tito. No tengo miedo del negro".
Y así, cada noche, Lucas y Tito enfrentaban el negro juntos, llenos de estrellas y abrazos.