Una noche, Lucas y su amiga Sofía estaban jugando en el parque. El sol se estaba escondiendo y el cielo se volvía oscuro. Lucas miró a su alrededor y dijo: "Sofía, tengo miedo de la oscuridad".
Sofía sonrió y respondió: "No tengas miedo, Lucas. La noche es especial". Lucas frunció el ceño y preguntó: "¿Cómo puede ser especial? Es oscura".
Sofía miró hacia el cielo y señaló. "Mira, las estrellas están saliendo. Son como luces en el cielo". Lucas miró hacia arriba y vio brillantes estrellas parpadeando. "¡Son bonitas!", dijo con una sonrisa.
"Sí", dijo Sofía. "Y también podemos escuchar los sonidos de la noche. Escucha". Ambos se quedaron en silencio y escucharon. Se oía el canto de un grillo y el suave susurro del viento.
"¿Ves? La noche tiene su propia música", dijo Sofía. Lucas se sintió un poco mejor. "Pero, ¿qué pasa si hay sombras?", preguntó.
Sofía pensó un momento y dijo: "Podemos usar nuestra imaginación. Las sombras pueden ser amigos. ¿Ves esa sombra grande? Es un oso de peluche que nos cuida". Lucas rió. "¡Un oso de peluche! Eso es divertido".
Sofía dijo: "Si te asustas, respira profundo. Inhala... y exhala...". Lucas respiró hondo. "Inhalo... exhalo...". Se sintió más tranquilo.
"Ahora, vamos a contar estrellas", sugirió Sofía. "Uno, dos, tres...". Juntos contaron las estrellas. Lucas ya no tenía miedo. "La noche es bonita", dijo feliz.
Sofía sonrió y asintió: "Sí, Lucas. La noche es mágica, y siempre estaremos juntos". Y así, Lucas descubrió que la oscuridad no era tan aterradora.