Luz tenía un año y le daba miedo la oscuridad. Cada noche, su mamá apagaba la luz y Luz se asustaba.
—Mami, tengo miedo —decía Luz, con los ojos grandes.
—No pasa nada, cariño —respondía su mamá, abrazándola—. La oscuridad es solo un momento.
Una noche, Luz miró por la ventana. Vio las estrellas brillando.
—Mami, ¿qué son esos puntitos?
—Son estrellas —dijo su mamá—. Ellas siempre están allí, aunque no las veas.
Luz sonrió.
—¿Puedo contar las estrellas?
—Claro, Luz. Contemos juntas. Uno, dos, tres...
Luz se olvidó del miedo. Miró hacia el cielo. Las estrellas eran mágicas.
—Mami, ya no tengo miedo —dijo feliz.
—¡Muy bien, Luz! La noche es bonita.
Luz se durmió soñando con estrellas. La oscuridad ya no le daba miedo.
Así, Luz aprendió que la oscuridad también tiene cosas hermosas.