En la ciudad de Brilli-Brilli, los buses van “piii” y las luces hacen “clic”. Nico es un chico joven y es Súper Nico. Lleva capa roja, tenis blancos y un casco azul que brilla.
Hoy, Nico va por la calle con su mochila. De pronto, un semáforo hace “¡achís!” y estornuda confeti. ¡Pum! Confeti en la acera, confeti en el bus, confeti en la nariz de un perro.
“¡Ay!”, dice Nico. “Esto es un lío muy gracioso.”
Una señora ríe: “Mi pelo tiene confeti.”
Un niño aplaude: “¡Lluvia de papel!”
Nico mira el semáforo. La luz verde parpadea y dice: “Perdón, tengo cosquillas.”
“Yo te ayudo”, responde Nico.
Súper Nico saca de su mochila un cepillo suave. “Uno, dos, tres…”, dice. Cepilla la caja del semáforo con cuidado. Sale más confeti: “fiu, fiu, fiu”.
Luego, Nico usa su súper soplo. “¡Fuuuu!”, sopla despacito. El confeti vuela y cae en un montón redondo, como una nube de colores.
“Ahora, a limpiar”, dice Nico.
Llega el robot de limpieza del parque, Rulo. Hace “bip-bip” y abre su panza-aspiradora. “Yo puedo”, dice.
Nico y Rulo empujan el confeti al montón. Rulo lo traga: “ñam-ñam”. Pero Rulo eructa: “¡burp!” y suelta un lazo de confeti que le queda como bufanda.
Todos se ríen. El perro mueve la cola. El semáforo dice: “Gracias, ya no tengo cosquillas.” La luz verde brilla fuerte: “¡Pasen!”
Nico saluda con la mano. “Trabajo listo”, dice. Y se va tranquilo, oyendo “piii, clic, bip”.
Moraleja: Cuando pasa algo raro, una ayuda suave y una risa lo vuelven fácil.