Había un joven. Era un superhéroe. Vivía en una ciudad con casas altas y autos que pitan. El joven se llama Leo. Leo lleva capa y botas azules. Leo tiene una sonrisa grande.
Un día, una paloma roba un sombrero. El sombrero rueda por la plaza. Leo corre. Salta. Hace un giro cómico. "¡Alto, paloma!" dice Leo. La paloma mira y suelta el sombrero. Todos aplauden. Leo entrega el sombrero. El señor lo abraza. Ríe.
Otro día, una nube de jabón aparece. Jabonazos por doquier. Las ventanas se llenan de burbujas. Leo sopla fuerte. Las burbujas vuelan alto. "¡Puf!" dice Leo. Un niño atrapa una burbuja. Se ríe. Leo ayuda a limpiar con una toalla suave. Todo queda limpio y brillante.
La ciudad tiene un semáforo que canta. Una nota se enreda en el cable. El semáforo canta traposo. Los coches pitan, pero bailan con la canción. Leo sube con una escalera. Canta con el semáforo. La nota sale y el semáforo vuelve a su ritmo. Los coches siguen, felices.
Al final del día, Leo toma una manzana. Se sienta en un banco. Mira la ciudad. La luna asoma. Un perro le trae una zapato. Leo le da la manzana al perro. El perro mueve la cola. Leo ríe y bosteza. Se va a casa. La ciudad duerme tranquila y feliz.
La bondad y la risa ayudan siempre a arreglar lo que pasa.