En una ciudad llena de luces y risas, vivía Paco, un superhéroe que llevaba unos calzoncillos rojos sobre sus pantalones. Paco tenía un poder especial: ¡podía hacer reír a todos con un solo chiste!
Un día, una nube traviesa decidió jugar al escondite. Se puso justo frente al sol y la ciudad se oscureció. Los niños no podían ver sus juguetes y los pájaros chocaban unos con otros. Paco dijo: «¡Hora de actuar!»
Con su capa ondeando, Paco corrió hacia la plaza. Vio a su amigo, el perro Tito, que ladraba confundido. «¡Tranquilo, Tito! ¡Tengo una idea!» Paco subió a una banca, estiró los brazos y gritó: «Nube traviesa, ¡te voy a contar un chiste tan divertido que no podrás detener tu risa!»
La nube, curiosa, bajó un poco. Paco, con una sonrisa enorme, dijo: «¿Por qué el tomate no sabía nadar? ¡Porque siempre se hundía en el ketchup!» La nube soltó una gran carcajada y comenzó a llorar de risa, soltando gotas de agua sobre todos.
Las gotas de agua eran mágicas y brillaban como estrellas. Todos en la ciudad comenzaron a bailar y a brincar, felices bajo la lluvia mágica. Paco y Tito también se pusieron a bailar, y la nube, entre risas, se movió a un lado del sol, dejando que la luz regresara.
Al final de la tarde, el sol brilló más fuerte que nunca, y Paco, con su capa y sus calzoncillos rojos, había salvado el día. Porque a veces, un poco de risa es todo lo que se necesita para hacer brillar el sol.