En la gran ciudad hay un hombre con capa roja. Él no es serio. Él es Súper Paco. Vive en un piso con una planta y un sofá azul. Un día, el sol brilla y todo va bien. De pronto, ¡Pum! Una paloma se sienta en un cable y el cable canta: "¡piu, piu!" La paloma tiene un sombrero. El sombrero rueda por la calle. "¡Zas!" dice el sombrero y se va rodando.
Súper Paco ve el sombrero. Se pone las botas. Se pone la capa. Corre, salta y hace un giro loco: ¡Bam! Llega al sombrero y lo salva con una mano y una mueca. La gente ríe. Un niño aplaude y dice "¡Ole!" La paloma mira y dice "¡piu!" Su sombrero vuelve al pico.
Luego, un carrito de helado se queda sin bola. La bola rueda y se pega en la nariz de un perro. El perro hace "¡Guau!" y baila. Súper Paco toma una cuchara grande. Hace un truco. La bola vuelve al carrito. El señor del helado ríe y da una bola extra al perro. El perro lame la bola y se calma.
Más tarde, un globo se suelta. El globo sube y toca una nube. La nube suelta gotitas de confeti. "¡Ploc, ploc!" confeti por doquier. Súper Paco abre su paraguas y atrapa confeti. Lo suelta en manos de una abuela. Ella sonríe. Todos ríen. No hay llantos. Todo es juego.
Al final, Súper Paco vuelve a su piso. La planta le da una hoja. Él pone el sombrero en la planta. La paloma les canta una nana. Todos duermen con una risa suave.
Moraleja: Un acto amable y una risa hacen brillar el día.