—Hola, hada azul —susurró Lucía, mirando el lago brillante.
—Hola, Lucía —dijo el hada, con alas de estrellas—. Hoy tengo un regalo para ti.
—¿Un regalo? —preguntó Lucía, con ojos grandes y redondos.
—Sí, Lucía. Te doy una varita mágica. Con ella puedes ayudar a tus amigos —dijo el hada, flotando como una pluma.
—¡Gracias, hada azul! —exclamó Lucía, muy feliz.
Lucía caminó por el bosque. Vio una flor triste.
—Flor, ¿qué te pasa? —preguntó Lucía.
—Tengo sed —susurró la flor, bajando los pétalos.
Lucía tocó la flor con su varita.
—¡Agua para la flor! —dijo Lucía.
La flor bebió y sonrió.
—Gracias, Lucía —dijo la flor.
Más adelante, vio una mariposa que no podía volar.
—¿Te ayudo, mariposa? —susurró Lucía.
—Sí, por favor —dijo la mariposa.
Lucía tocó la mariposa.
—¡Alas fuertes! —dijo Lucía.
La mariposa voló, brillante.
—Gracias, Lucía —dijeron todos.
Lucía sonrió. El hada azul apareció.
—Lucía, eres valiente y buena. La magia es ayudar a los demás.
Lucía abrazó al hada. Todo era luz y paz.