Había una vez un hombre llamado Don Ramiro. Don Ramiro vivía en un pequeño pueblo rodeado de montañas verdes y árboles altos. Era un hombre amable y siempre sonreía.
Un día, mientras paseaba por el bosque, escuchó un suave susurro. "¡Ayuda, por favor!" Don Ramiro miró a su alrededor. "¿Quién habla?" preguntó con curiosidad.
"Soy un pequeño pájaro," respondió una voz delicada. Era un pajarito dorado, atrapado en una red. Sus plumas brillaban como el sol. "¡Ayúdame, por favor!"
Don Ramiro se acercó con cuidado. "No te preocupes, pequeño amigo," dijo. "Te ayudaré." Con manos suaves, desenredó al pájaro.
"¡Gracias, gracias!" cantó el pajarito. "Eres muy amable. Te prometo que te ayudaré también."
Don Ramiro sonrió. "No necesito nada, solo que seas libre."
El pajarito voló alto, muy alto en el cielo. Pero de repente, se detuvo. "¡Espera!" gritó. "Te llevo un regalo." Y de su pico cayó una pequeña semilla brillante.
"Planta esta semilla," dijo el pájaro. "Te dará flores mágicas."
Don Ramiro tomó la semilla. "¿Flores mágicas?" preguntó emocionado.
"Sí. Te recordarán lo importante que es ayudar a los demás," respondió el pájaro.
Don Ramiro plantó la semilla. Y crecieron flores de colores brillantes. Cada vez que alguien ayudaba a otro, las flores brillaban aún más.
Y así, Don Ramiro aprendió que la bondad siempre vuelve. Fin.