Había un hombre que caminaba por un bosque de luz. Sus pasos eran suaves. El sol jugaba a esconderse. "Toc-toc", decía el viento en las hojas. El hombre sonreía. Llevaba un bastón que cantaba "hop, hop" al golpear el suelo.
El bosque brillaba. Flores como pequeñas lámparas guiaban su ruta. Un río cantaba "plouf, plouf" y saltaba sobre piedras redondas. El hombre miraba el agua. Vio su cara feliz. Dio un paso. El agua lo besó en los pies. El hombre rió.
En el claro había una casita de luces. Una brújula de estrella giraba en la puerta. "Entra", dijo la casita con voz de campana. El hombre tocó la llave. "Toc-toc", dijo la llave. Abrió y el cuarto estaba lleno de cuentos. Cada cuento brillaba como una luna pequeña.
El hombre leyó. Las palabras eran suaves como algodón. Cada cuento daba un poco de calor. Una mariposa de plata vino a sentarse en su hombro. "Hola", dijo la mariposa. El hombre dijo "hola". Juntos siguieron la luz hasta un jardín.
En el jardín, una luna pequeña les mostró un camino de pétalos. El hombre siguió con cuidado. No tenía miedo. Si algo no iba bien, la casita y la mariposa estaban cerca. Todo se arreglaba con un abrazo y una canción. "La vida es bella", murmuró el hombre.
Se durmió bajo un árbol que contaba historias. La noche era suave y clara. Y el bosque cuidó de él como un padre cuida a un niño.
Moraleja: La luz del corazón guía y el cariño siempre encuentra el camino.