El sol brillaba en el cielo. Emma y su amiga Luna estaban listas para explorar. Emma tenía un sombrero grande y Luna tenía una mochila.
"Vamos a la playa," dijo Emma, sonriendo.
"¡Sí, sí!" respondió Luna, sus ojos brillaban de alegría.
El camino a la playa era corto. Las olas cantaban una canción suave. La arena estaba tibia debajo de sus pies.
"¡Mira, un cangrejo!" dijo Emma, señalando.
"Hola, cangrejo," dijo Luna, riendo. El cangrejo caminaba de lado, moviendo sus pequeñas pinzas.
Después, las amigas construyeron un castillo de arena. "Más arena aquí," dijo Emma.
"Y conchas aquí," agregó Luna. Juntas, decoraron su castillo.
Después de jugar, las niñas comieron una merienda. "¡Delicioso!" dijo Luna, tomando un sorbo de su jugo.
"Sí, delicioso," repitió Emma, mordiendo su galleta.
El sol comenzó a esconderse. Las niñas miraron el cielo, lleno de colores. "Es como un dibujo," dijo Luna.
"Sí, un dibujo bonito," estuvo de acuerdo Emma.
Era hora de irse a casa. Caminaban de la mano, sus corazones llenos de felicidad.
"Volvamos mañana," dijo Emma.
"Sí, mañana," asintió Luna, sonriendo.
Las vacaciones de verano eran mágicas. Y cada día era una nueva aventura para Emma y Luna.