El lobito se llama Lúa. Es pequeño y tiene el pelo suave. Es verano. El sol calienta la playa. Lúa siente la arena en sus patas. La brisa toca su cara. Todo es tranquilo.
Lúa juega con una concha. La mira. La pone cerca del oído. "¿Escuchas?" dice mamá. Lúa oye el mar. El sonido es como un susurro. Lúa sonríe.
En la mañana, Lúa y mamá van al huerto. Hay tomates rojos y hojas verdes. Lúa toca la tierra. Huele bien. Toma un tomate. Está dulce. "Mmm", dice Lúa. Aprende a comer despacio.
A mediodía, Lúa duerme bajo un árbol. Siente la sombra. La nube pasa lenta. Un insecto vuela cerca. Lúa no tiene miedo. Respira hondo. Se siente seguro.
Por la tarde, Lúa quiere subir una piedra. La piedra es alta para él. Lúa mira a mamá. Ella está cerca. "Prueba," dice mamá. Lúa sube un poco. Se agarra con la pata. Sube otro paso. Llega arriba. Mira el mar. Se siente feliz y fuerte. Baja despacio. Mamá aplaude. Lúa aprende a intentar.
En la tarde, Lúa dibuja en la arena. Hace un sol grande. Pone flores con palitos. Un niño viene y sonríe. Juegan juntos. Comparten el cubo y la pala. Ríen.
Al caer la noche, el cielo se pinta de rosa. Lúa toma la mano de mamá. Camina lento. La radio canta una canción suave. Lúa bosteza. En la cama, piensa en su día. Siente calor y amor. Cierra los ojos.
Mora lección: en el verano, con calma y con ayuda, cada paso pequeño nos hace crecer.