Un día de verano, el pequeño conejito Max se despertó con el sol brillando suavemente en su ventana. Max se estiró y olió las flores que crecían en el campo cerca de su casa. Le gustaba el verano porque el cielo era azul y el aire era cálido.
Max decidió salir a jugar. Tomó su sombrero amarillo y fue al jardín. Allí encontró una mariposa volando de flor en flor. "Hola, mariposa," dijo Max. La mariposa revoloteó feliz a su alrededor.
Max siguió caminando y encontró unas fresas rojas y jugosas. "¡Qué ricas!" pensó. Con cuidado, tomó una y la comió. Su sabor era dulce y delicioso.
Cerca del arroyo, Max vio a sus amigos, los patitos. "¡Vamos a nadar!" dijeron los patitos. Max se mojó las patitas en el agua fresca. "¡Está muy bien!" respondió, riendo.
Después de jugar, Max se sentó bajo un árbol grande. La sombra era fresca y el viento suave le hacía cosquillas en las orejas. Max cerró los ojos por un momento, escuchando el canto de los pájaros.
Cuando el sol comenzó a bajar, Max regresó a casa. Su mamá lo esperaba con una sonrisa y un abrazo. "Hoy fue un buen día," dijo Max, contento.
La vida es mejor cuando compartimos alegría con amigos.