Luna tiene cuatro años. Es verano. En la casa de la abuela hace calor suave. El suelo está fresco. Luna va descalza. Sonríe.
Por la mañana se pone su sombrero. «Sol», dice Luna. Mamá responde: «Sí, sol. Y crema». Mamá pone crema en la nariz. Luna se ríe. Huele a coco.
Van al patio. Hay una piscina pequeña. El agua brilla. Luna mete un pie. «Fría», dice. Papá dice: «Poco a poco». Luna mete el otro pie. Luego se sienta. Salpica con la mano. «Plas, plas». Se siente valiente.
Después comen sandía. Está roja. Gotea en la barbilla. Luna se limpia con una servilleta. «Yo sola», dice. La abuela aplaude: «Muy bien».
Por la tarde hacen una siesta corta. El ventilador hace «fuu, fuu». Luna abraza su oso. Se calma.
Al despertar, Luna riega una maceta. La tierra bebe el agua. Una flor mueve su cara al sol. Luna mira y dice: «Crece». Mamá responde: «Como tú».
Por la noche el cielo es naranja. Luna guarda sus sandalias. «Mañana más», dice.
Moraleja: En verano, con calma y ayuda, cada día se aprende algo pequeño y bonito.