La niña se llama Luna. Tiene dos años. Es verano. El sol es cálido. El aire huele a mar. Luna toca la arena con sus manos. La arena es tibia. Se ríe.
Camina con papá. Camina con mamá. Ve conchas pequeñas. Coge una concha. “Mira”, dice Luna. “Qué bonita”, dice mamá. Luna escucha el ruido del mar. Cierra los ojos. Siente la brisa. Siente el sol en la cara.
En la orilla, Luna juega con un cubo. Llena el cubo con agua. Vierte el agua. Aprende a dejar caer y a ver qué pasa. Aplaude. Un cangrejito pasa lejos. Luna lo mira. No toca al cangrejo. Sonríe.
Es hora de comer. Papá saca trozos de fruta. Luna come mango. Es dulce. Bebe agua fría. Después come helado. El helado se cae un poco. Luna está triste un segundo. Mamá limpia con cuidado. “No pasa nada”, dice mamá. Luna vuelve a reír. Aprende a compartir su cucharita.
Al atardecer, la familia camina. Las nubes cambian de color. Luna canta una canción corta. Sus ojos se cierran. Está cansada. La acunan. La noche llega suave.
Moral: Compartir, jugar y cuidar a los demás hace las vacaciones felices.