El niño se llama Tom. Tiene dos años. Es verano. El sol es cálido. El aire huele a sal y flores.
Tom camina en la playa. La arena es suave bajo sus pies. Toca el agua con los dedos. El mar hace un sonido como un canto. Tom ríe. Su mamá lo guía con la mano.
Construyen un castillo juntos. Tom pone un cubo y una pala. Llena el cubo de arena. Quita la arena con la mano. "Mira", dice mamá. Una palmera da sombra. Tom bebe agua fría. Está contento.
Un día, su helado cae en la arena. Tom mira y se entristece un poco. Mamá le sonríe. Le da otro helado pequeño. "Todo bien", dice mamá. Tom come y vuelve a reír. Aprendió a esperar y a sonreír.
En la tarde, Tom corre por la orilla. Siente la brisa en la cara. Ve una gaviota volar. Aplaude con manos pequeñas. Papá le toma en brazos y él mira el sol que baja. La casa huele a cena y a fruta fresca.
Antes de dormir, Tom se baña y se pone ropa limpia. Cuenta un juguete y sueña con la arena. Está tranquilo y feliz.
La alegría de compartir y cuidar hace que las vacaciones sean dulces.