Había una vez una niñita llamada Clara. Clara tenía tres años y le encantaba jugar. Un día, decidió que iba a ser una valiente exploradora. "¡Voy a descubrir un mundo mágico!", dijo Clara con una gran sonrisa.
Clara miró a su alrededor. En su casa, el sofá se convirtió en una montaña alta. "¡Arriba, arriba!", gritó Clara mientras subía. Arriba, vio un gran cielo azul con nubes de algodón. "¡Mira, un dragón!", exclamó. Era un dragón de juguete, pero Clara lo imaginó volando. "¡Eres mi amigo!", dijo a su dragón.
Después, Clara decidió que el pasillo era un río. "¡Splash, splash!", hacía mientras saltaba de un lado a otro. "¡Cuidado, hay un cocodrilo!", dijo Clara. Era su almohada. "¡Eres muy amable, cocodrilo!", le dijo con cariño.
Luego, Clara llegó a la cocina, que se convirtió en un bosque encantado. "¡Hola, ardilla!", dijo a su peluche de ardilla. "¿Quieres jugar conmigo?". Clara y su ardilla corrieron entre los árboles imaginarios. "¡Vamos a buscar tesoros!", sugirió Clara.
Clara encontró una caja llena de juguetes. "¡Mira, un tesoro!", gritó muy feliz. "¡Hemos tenido una gran aventura!".
Al final del día, Clara se sintió muy valiente. "Hoy fui exploradora, jugué y encontré tesoros", dijo sonriendo. Y con su dragón y su ardilla a su lado, se fue a dormir soñando con nuevas aventuras. ¡Qué día tan mágico!