Ana es una niña de dos años. Un día, decide explorar su jardín. El sol brilla y las flores sonríen. Ana lleva su sombrero y sus botas rojas. Ella mira un gusano en la tierra. "Hola, gusano", dice Ana. El gusano se mueve lentamente. "¿Quieres jugar?", pregunta Ana.
Ana sigue caminando. Encuentra un charco grande. "¡Agua!", exclama ella. Ana salta, chapotea, y ríe. El agua salpica a su alrededor. "¡Qué divertido!", dice Ana.
Luego, Ana ve una mariquita en una hoja. "Hola, mariquita", saluda Ana. La mariquita vuela a su mano. "Eres pequeña y roja", dice Ana. La mariquita cosquillea su mano y vuela de nuevo.
Ana corre al árbol grande. "¡Un árbol!", dice. Intenta trepar, pero es alto. "Mmm...", piensa Ana. Siente la corteza rugosa. "Aquí no puedo, pero puedo abrazarlo", dice ella. Y lo abraza fuerte.
Ana siente hambre. Ve a mamá en la ventana. "¡Mamá! ¡Tengo hambre!", grita. Mamá sale y le da una manzana. "Gracias, mamá", dice Ana. Da un mordisco grande. "¡Mmm, delicioso!"
Ana y mamá se sientan en el césped. Ana cuenta todo lo que vio. El gusano, el charco, la mariquita, el árbol gigante.
Ana sonríe y se acurruca con mamá. Todo es una gran aventura con amor y curiosidad.
La curiosidad nos muestra que todo es mágico si lo miramos con amor.