Tomi, Leo y Bruno casi tienen dos años. Viven en una casa con pasillo largo. Hoy el pasillo es su selva suave.
Tomi empuja un coche rojo. Leo lleva una linterna pequeña. Bruno va en su silla con ruedas, muy feliz. Rueda y rueda.
“¡A la aventura!”, dice Tomi.
“Yo veo luz”, responde Leo.
En el suelo hay una media perdida. Parece una colina. Tomi la toca. “Sube, coche”, dice. El coche no sube. Tomi piensa. Trae un libro gordo. Lo pone junto a la media. Ahora hay rampa. El coche sube. “¡Bien!”, dicen los tres.
Luego ven una caja de pañales. Es una cueva. Dentro hay una pelota. Leo alumbra. “Hola, pelota”, dice. Bruno acerca su silla. Con su pie empuja la caja un poco. La pelota sale rodando. Tomi la para con las manos.
De pronto, el cojín del sofá tapa el camino. Parece una gran roca blanda. Leo ríe. “Es blandita”. Tomi y Bruno empujan. Leo guía: “Así, despacio”. El cojín se mueve. El pasillo queda libre.
Llegan a la puerta de la cocina. Huele a pan. Mamá aplaude suave. “¡Valientes!”, dice.
Y se acuestan tranquilos.
Moraleja: Con calma y juntos, cada día puede ser una aventura segura.