Un día, Martina, una niña de dos años, decidió explorar su jardín. El sol brillaba, y Martina sonreía. Con su osito de peluche en brazos, dijo: «¡Vamos, Osito!».
Primero, Martina y Osito encontraron un charco. «¡Agua!» exclamó Martina. Saltaron juntos en el agua, chapoteando. Martina reía y Osito también.
Luego, Martina vio una mariposa. Era azul y volaba cerca. Martina la siguió. «¡Hola, mariposa!» saludó Martina. La mariposa volaba suave, y Martina la miraba encantada.
Después, un pequeño caracol cruzaba el camino. «¡Mira, Osito, un caracol!» Martina se agachó y observó. «¡Despacio, caracol!» animó Martina. El caracol movía sus antenas, y Martina aplaudía.
Más tarde, Martina sintió hambre. «¡Hora de comer!» dijo Martina. Fue a la cocina con Osito. Mamá tenía una sorpresa: galletas en la mesa. «¡Gracias, mamá!» dijo Martina contenta, comiendo su galleta.
Al final del día, Martina y Osito estaban cansados. «Fue un buen día, Osito», susurró Martina. Se acurrucaron en la cama.
Siempre podemos encontrar maravillas en las cosas más simples.