HabĂa una vez una niña llamada Luna. Luna tenĂa cuatro años y era muy curiosa. Un dĂa, mientras jugaba en el parque, vio algo extraño. Era un sombrero rojo en el suelo. "ÂżDe quiĂ©n será?", se preguntĂł Luna.
Luna miró a su alrededor. “¡Hola, amigos!”, llamó. Sus amigos, Leo el gato y Pipa la perra, vinieron corriendo. “¿Qué pasó, Luna?”, preguntó Leo. “Encontré este sombrero. Vamos a buscar a su dueño”, dijo Luna.
“¡SĂ!”, dijo Pipa moviendo su cola. Los tres amigos empezaron su aventura. Miraron en el arbusto. No habĂa nadie. Miraron debajo de un árbol. Nada. “¿DĂłnde más podemos buscar?”, preguntĂł Leo.
“Podemos preguntar a los pájaros”, sugiriĂł Luna. Los pájaros cantaban en las ramas. “¿Han visto a alguien con un sombrero rojo?”, preguntĂł Luna. Los pájaros respondieron, “SĂ, sĂ, cerca del lago”.
“¡Vamos al lago!”, gritaron los amigos. Corrieron felices. Cuando llegaron, vieron a un pato con un sombrero rojo. “¡Hola, pato!”, dijo Luna. “¿Es tu sombrero?” El pato dijo: “SĂ, lo perdĂ mientras nadaba”.
Luna sonrió. “Aquà está tu sombrero, pato”, dijo. El pato estaba muy contento. “Gracias, Luna. Son muy buenos amigos”, dijo el pato.
Luna, Leo y Pipa se sintieron felices. HabĂan resuelto el misterio. “¡QuĂ© gran aventura!”, dijo Luna. Y asĂ, los tres amigos jugaron juntos, felices y contentos. Fin.