Había una vez un niño pequeño llamado Tomás. Tomás era un gran detective. Tenía una lupa y un sombrero. Un día, Tomás dijo: "¡Voy a buscar el misterio del parque!"
Tomás fue al parque. Allí estaban sus amigos, Ana y Luis. “¡Hola, amigos!” dijo Tomás. “¡Vamos a investigar!” Ana sonrió y dijo: “Sí, ¡vamos a encontrar el misterio!”
Juntos, miraron alrededor. Vieron un árbol grande. “¿Qué hay detrás del árbol?” preguntó Luis. “¡Vamos a ver!” dijeron Tomás y Ana. Miraron detrás del árbol. ¡Había un perro pequeño! “¡Hola, perrito!” dijo Tomás. El perrito movió la cola.
“¿Dónde está tu casa?” preguntó Ana. El perrito ladró y corrió. “¡Sigámoslo!” dijo Tomás. Corrieron tras del perrito. Pasaron por flores y mariposas. “¡Qué bonito!” dijo Luis.
El perrito llegó a una puerta. “¿Es esta tu casa?” preguntó Tomás. El perrito ladró feliz. Tomás golpeó la puerta. “¡Toc, toc!” Una señora abrió. “¿Es tu perro?” preguntó Ana. “¡Sí! Gracias!” dijo la señora.
Tomás sonrió. “Hemos solucionado el misterio.” Sus amigos aplaudieron. “¡Eres un gran detective, Tomás!” dijeron. Tomás se sintió feliz. “¡Team divertido!” dijo.
Tomás, Ana y Luis se sentaron en el parque. Miraron el cielo. “Hoy fue una gran aventura,” dijo Ana. “Sí,” dijo Tomás. “A veces, los misterios son muy bonitos.”
Y así, Tomás, Ana y Luis aprendieron que con amigos, cada día es una aventura. Fin.